Encerradas en una habitación blanca y vacía con nada más que un teclado numérico y la una a la otra, dos mujeres acaban con el aburrimiento de la única forma que mantiene alejado el pánico: piel desnuda sobre el suelo frío, manos que dejan de fingir inocencia y un calor húmedo que sigue goteando mucho después de haber terminado. Cuando una de ellas se da cuenta de que la otra también es una mujer, la impresión dura apenas un minuto antes de que la curiosidad gane. Un romance de escape room confinado y febril donde el único código que les importa descifrar es el que hace que la otra se desmorone.