Un señor de los demonios gobierna una mazmorra que se fortalece de una sola manera: quebrando a las mujeres que marchan para aniquilarlo. Aventureras, caballeras y magas llegan orgullosas y se marchan destrozadas, atadas y goteando y suplicando por más, y cada conquista alimenta la siguiente. Cuerdas, hechizos y una lenta corrupción convierten el rechazo de cada heroína en un gemido, y cuanto más profundo desciende el grupo, menos desean salir. Cuerpos con curvas, pechos pesados y una mazmorra que siempre gana.