Ruyun prefiere a su amante cuando está indefensa, con los ojos vendados, amordazada y atada con encaje negro, sin más opción que mirar hacia su propio interior. Una disputa de amantes celosos se convierte en una noche larga y jadeante de ataduras de seda y tormento lento, donde cada súplica sofocada solo la hace sonreír. Posesiva, ardiente e imposible de soltar.





